ARAGÓN DE LEYENDA
La romería de Talamantes, el pueblo sin horizonte
Artículo publicado en Heraldo de Aragón por ALBERTO SERRANO DOLADER
Nunca hay que preguntar "¿dónde está Talamantes?", porque siempre nos contestarán "en el mismo sitio que antes". O sea, en un rincón del Moncayo encantado y encantador, donde se juntan los barrancos de Valdeherrera y Valdetreviño. En los años 60 superaba el centenar de vecinos, ahora, en los inviernos apenas llega a la treintena. "Dicen que el nombre nos viene de que talábamos los montes -me cuenta Julián Domínguez-. Como Talamantes está encajonado entre montañas, casi no tenemos horizonte, por eso es un pueblo sin nubes, porque casi no se ven; cuando asoman las blancas, que por aquí llamamos francesas, es que ya no va a llover".El 22 de Mayo los vecinos de Talamantes peregrinan hasta la ermita rupestre de Constantín, en Purujosa. Bien de mañana comenzaban la marcha, apoyados en caballerías, a través de las sendas del Moncayo, pasando por las oscuras y misteriosas Peñas de Herrera. Hacia mitad del camino, en la Fuente del Col, paraban a almorzar, quedándose allí un par de personas para ir preparando la comida con la que los romeros se regalarían al regreso. "Cuentan los mayores que ir a Purujosa les costaba unas cuatro horas, eso sí, después de dejar el "recau" en la Fuente iban más ligeros. Al llegar a la ermita se saludaba a las autoridades y se escuchaba misa. Y enseguida el regreso. Una buena andada, que ahora nos ahorramos al dar el rodeo con coches", me indica José Manuel Jiménez. A mitad del siglo XVIII, Roque Alberto Faci ya se hacía eco de una creencia muy arraigada: el santuario se llamó de Constantín porque lo visitó en el siglo IV nada menos que el emperador romano Constantino el Grande. Qué se le perdió por el Moncayo al ilustre favorecedor de los cristianos continúa siendo un enigma. El padre Faci también se encargó de pregonar en sus escritos sobre la Virgen de Constantín que "cuantos buscan su patrocinio, refieren sus misericordias" y que "la antigüedad de este culto es de memoria grata y de beneficios muy continuados desde tiempo inmemorial". Así, resulta especialmente indicada para obtener "el consuelo deseado de la lluvia", siendo chaparrón famoso el que favoreció los campos en 1.718. Más antiguo parece el prodigio obrado con un clérigo que voló en el collado de Las Estacas al ser "arrebatado por el aire muchos pasos y con ser día muy borrascoso se vió libre de peligro tan grande". En fin, un niño de Ágreda "habiendo perdido la vida", tras invocar sus padres a la Virgen "logró salud" (o sea, resucitó).
"Las cosas han cambiado mucho en el Moncayo", me cuenta Simón Pérez: "Hay pueblos vecinos a los que vamos en coche, dando un rodeo para ganar en comodidad, por eso acudimos poco. Pero antes, cuando yo era chico, esos pueblos eran los que quedaban más cerca y con los que más relación se tenía. Por ejemplo, rara era la familia de Talamantes que no estaba relacionada con una de Tabuenca. Como en Tabuenca se empezaba a segar antes que aquí, la familia de Talamantes iba a ayudar a la de Tabuenca, que a las pocas semanas se pondría en camino para devolverles el favor". Y así circulaban las leyendas, como la de la Virgen de Constantín.